La salida de Andrés Yllana como técnico de San Martín no puede entenderse únicamente desde el empate sin goles frente a Quilmes. Si bien ese partido terminó de acelerar una decisión que ya estaba tomada, los números muestran que el desgaste venía produciéndose desde varias semanas atrás.
Cuando asumió el cargo, el entrenador recibió un equipo con la obligación de pelear por el ascenso. Durante buena parte de la primera rueda logró sostenerse cerca de los puestos de vanguardia, aunque sin conseguir una regularidad que le permitiera dar el salto definitivo.
Una campaña que fue de mayor a menor
Yllana dirigió un total de 16 partidos al frente de San Martín, sin contabilizar los dos duelos por Copa Argentina. Durante ese período en la Primera Nacional consiguió cinco victorias, siete empates y cuatro derrotas, alcanzando una efectividad del 45,83%. Su equipo convirtió 14 goles y recibió 12, números que reflejan algunas de las dificultades que acompañaron al ciclo.
Más allá de los registros generales, el principal problema apareció en el tramo final. San Martín acumuló cuatro partidos consecutivos sin triunfos, con derrotas frente a Gimnasia y Tiro, Atlanta y Midland, además del empate contra Quilmes. Esa racha dejó al equipo con apenas un punto de los últimos 12 posibles.
El dato que más preocupó a la dirigencia
La caída en el rendimiento también tuvo consecuencias en la tabla de posiciones. El conjunto tucumano quedó con 22 puntos y pasó a ubicarse a ocho unidades de Atlanta, líder de la zona B.
Más allá de los números, dentro de la dirigencia existía la sensación de que el equipo había perdido funcionamiento, confianza y capacidad de reacción. Por eso, la evaluación terminó trascendiendo las estadísticas y derivó en una decisión que finalmente puso punto final al ciclo.